viernes, 17 de diciembre de 2010
Caminando en Círculos - Un Relato Muy Personal
No os voy a hablar de él, del rincón, quien quiera verlo, tiene las puertas abiertas para husmear, pero si que os traigo a todos un Regalo muy personal. Un texto, un relato, un cambio. Feliz tiempo a todos!!!
Caminando en Círculos
Tu solias dibujar mansiones sobre la colina en la autopista
Yo quería hacer volar aviones en la fiesta de final de curso
Y así llevamos desde entonces, con un montón de sueños por cumplir y algunos deberes hechos. Crecimos como lo que éramos, personas en la autopista recta de la vida, siempre mirando hacia delante sin echar la vista atrás…
Tú tuviste que coger algunos desvíos y yo otros, paramos en momentos distintos, a veces era una chica, a veces eran las drogas o simplemente la necesidad de parar para estirar las piernas. Pero aún así y todo, siempre mirando hacia delante.
Te recuerdo cuando decías con aires de Lauren Bacall que lo importante no era llegar, sino disfrutar del camino, lo malo es que tú no te lo creíste nunca, y siempre fuiste pensando en ese siguiente paso que te permitiera sumar kilómetros y presumir de ellos en la siguiente parada, en el siguiente round. Te pedías un café, y empezabas a contar tu historia, quién eras, de donde venías y los kilómetros qué llevabas a la espalda, la gente te escuchaba, pero no te respondían, tampoco es que te importara demasiado… habías soltado tu rollo, y sobre todo aquello que querías que los demás escucharan de ti, si todo eso era verdad o no que más daba, total… no pensabas volver por ese camino nunca más, siempre hacia adelante sin mirar atrás te repetías una y otra vez.
Eras una profesional de la huida, del avanzar sin pensar en parar y respirar, siempre huyendo, siempre quemando etapas.
Hasta que has llegado aquí y has caído en la cuenta de que el mundo en realidad es una puta esfera donde todo da vueltas y todo gira para acabar atrapándote. Y es que el pasado siempre se presenta delante de uno, porque si tú no lo alcanzas, es él el que se presenta en el siguiente destino.
Ahora que nos hemos vuelto a encontrar, te veo y estas ahí con tu mirada ansiosa pero con ojos de cansada, harta de caminar en círculos, y sabes que si sigues adelante acabarás otra vez aquí, echándote tanto de menos a ti misma como la última vez que decidiste partir.
Mirame, yo no soy mejor que tú, nunca lo he sido, pero yo ya me he cansado de hacer kilómetros para llegar siempre al mismo sitio, así que aquí me he quedado, sentado descalzo en el capó de mi Ford Capri, y con las botas tiradas en el asiento de atrás.
Ahora es el mundo el que gira, y yo el que lo contempla desde mi atalaya. Quizás así un día pueda responderte quién soy, y porque he venido hasta aquí. Ya veremos…
Y no, no me mires así, ya sé que puede que este no sea el mejor lugar para quedarse, pero tampoco es el peor. Y quién sabe, ¿porqué no?, quizás mañana coja mis cosas y siga mi camino o quizás decida quedarme aquí para siempre, viendo la vida pasar en círculos. Sea como fuere, sólo quería decirte que hoy ha llegado el momento de decirte adiós, ya no me importan tus opiniones ni tus andanzas y mucho menos tu mirada reprochante repleta de juicios sumarísimos, ah! por ierto... tampoco echaré de menos tus noches de llanto y lamentos.
Hasta nunca Nube Negra!!!
Pd. Ciertas imágenes, y cosas están clarísimamente influenciadas por varias canciones de ese compositor que es Quique Gonzalez, por ejemplo las dos primeras líneas pertenecen a Palomas en la Quinta del disco Kamikazes Enamorados. Caminando en Círculos es el título de una de sus canciones que ahora mismo no recuerdo en qué disco venía y alguna cosa más también está inspirada en él.
De hecho este es el primer relato que he escrito nunca a partir de una canción y al cual espero que sigan otros. De hecho ya voy teniéndo en mente cual será la próxima canción "relatada".
Para muestra un botón:
lunes, 25 de octubre de 2010
Proclama Servilletil de Tres al Cuarto
Aqui un relato escrito la semana pasada a partir de una servilleta.
Deja de usar uno al día, siete a la semana, 365 al año y en veinte años tendrás un árbol.
Permitidme que os cuente que aquella fue la primera frase que se nos había ocurrido para un spot publicitario que pretendía inducir al uso razonable del papel en el día a día, en realidad era una actriz famosa quien se tomaba una café, y después sacaba un pequeño pañuelo del bolso para limpiarse el morro, mientras un hombre desde la barra del bar no dejaba de mirarla con deseo.
A mi personalmente el anuncio me parecía una soberana estupidez, pero a los comerciales que representaban a los organismos oficiales encargados de impulsar el reciclaje entre la población les pareció perfecto y así fue emitido durante un tiempo en diversas televisiones y horarios, como bien recordareis.
En realidad el problema de fondo no suponía que el anuncio fuera de una simpleza elemental, si no la idea en si, ahorremos en servilletas, para que las empresas papeleras no talen tantos árboles. Como si a las empresas productoras de la celulosa empleada en el papel les importara una mierda cualquier cosa que fuera más allá de sus propios beneficios económicos a fin de año.
Incluso se crearon leyes en distintos países y comunidades, recuerdo haber leído sobre ello en los periódicos y visto la noticia en la televisión, leyes en las que se exigía el uso de papel reciclado en determinados casos o situaciones, intentando volver a imponernos la idea de que así ayudábamos al planeta tierra. Imbéciles.
Pero ay camaradas! el pueblo es inculto, es cómodo y se lo cree todo, la sociedad lleva años sin hacerse preguntas. Si os parais a pensarlo el reciclaje es la gran mentira de este recién empezado siglo XXI, un cuento que beneficia a unos pocos o acaso ¿no llevan años intentando obligarnos a separar las basuras?, permitidme que os haga partícipes de algo que casi nadie se ha parado a pensar, el único fin de separar los envases, es para hacerles el trabajo sucio y se ahorren costes separando la basura orgánica de la inorgánica.
Pensadlo por un momento , porqué si pagamos 10 rublos por una botella de leche en un envase de plástico, pretenden que después les regalemos el envase para que una empresa lo recoja y obtenga un beneficio revendiéndolo a otra que a su vez lo rellenara de nuevo de leche y nos cobrará por ese mismo envase el mismo dinero.
Pensadlo bien, esto es una estafa en toda regla, si en lugar de ello, los centros comerciales estuvieran preparados para emitir vales de descuento en función del peso de los envases que llevas, quizás entonces el beneficio económico y social revertiría en nosotros, los ciudadanos de a pie de cualquier país y la población mundial estaría mas dispuesta a colaborar en la rebaja de la producción de basuras.
Asi que camaradas, solo nos queda revelarnos contra el sistema una vez más como hiciéramos hace ya seis años , y utilizar una vez más el papel albal de nuestros bocadillos, para hacer una gran bola y jugar partidos de futbol con ella aquí en el patio de esta fría prisión de San Petersburgo, mientras recordamos cada día de nuestra existencia la injusticia que cometió con nosotros un juez ciego de conocimientos sobre la materia, que no comprendió que el hecho de que volaramos por los aires la mayor empresa de reciclaje de papel de la republica de Uzbekistán, no fue mas que un acto humanitario y valiente, por mucho que desgraciadamente perecieran varios trabajadores, víctimas estas por otra parte cuyo nombre será recordado algún día como mártires de una sola y gran idea, la reutilización del envase común.
¿Y ahora, quien hace los equipos?
domingo, 23 de mayo de 2010
La Gran Batukada, El mundo en un Bocata de Pavo. Relato Escrito en Diez Minutos.
A Roman García un día se le torció el carisma, acostumbrado como estaba al éxito y al discurrir fácil de las cosas, vivía con la absurda convicción de que si la vida le iba así de bien era porque esta era sabia y sabía darle a un triunfador como él, las cosas necesarias para triunfar, es decir, una mujer, dos hijas, una tele plana y un frigo con imanes de Bob Esponja.
Todo le iba estupendamente, y no tenía queja de nada, desde que en la anterior legislatura se había presentado a alcalde de su pueblo y había salido ganador de forma aplastante, sobre todo gracias a una campaña tan rotunda que propició que ningún rival se presentara a las elecciones conocedores como eran de la imposibilidad de hacerle frente.
Claro que algunos medios objetaron entonces, que la existencia de una lista alternativa en Bobadilla del Montel era practicamente imposible, ya que se debía tener en cuenta que sólo había cinco habitantes y estos eran la madre, la mujer y las dos hijas gemelas del matrimonio, además de Roman García. Pero eso no era mas que absurda propaganda política para don Román, por parte de unos medios que no eran afines a la ideología de su partido político, el conocido T.A.T.J, olo que es lo mismo el Te Aguantas y Te Jodes.
Ahora Román Garcia, cuatro años mas tarde, se presentaba a la reelección y estaba tan seguro de su victoria que se permitió el lujo de no ir a votar y llevar a su mujer y sus hijas a comer un menú y después a las piscinas de Bobadilla del Río, donde estuvo hasta las ocho. Momento en que los medios empezaron a hablar de las votaciones, y Roman Garcíase dirigió raudo y veloz al aula del ayuntamiento de Bobadilla del Monte, donde estaba instaurada la única urna.
Allí presidiendo la mesa y como única miembro de la mesa presidencial, estaba Doña Úrsula, la suegra de Roman, que cabreada como estaba por haber tenido que estar allí desde las ocho de la mañana hasta la tarde con un miserable bocadillo de choped y un botellín de agua, había decidido no votar.
Al dia siguienteRoman Garcia, ex-alcalde de Bobadilla del Monte, abrió los telediarios de todas las cadenas, y fue portada de todos los periódicos de tirada nacional, que titulaban: Pierde la alcaldía por un bocata de Choped.
viernes, 5 de febrero de 2010
La Vida y Zuz Decizionez.
El Atazzco
¿De verdaz que tenemoz que ezcuchar ezto? –preguntó Tantiago. El inútil de él, no se daba cuenta de que ti mi mamá lo habia puetto erá porque le guttaba muto.
No cé el tiempo que llevábamoz paradoz, pero cada vez tenía máz hambe y no te me ocurrió nada mejor que empezar a llorar.
Traz un ratito Tantiago empezó a quejarce del dolor de cabeza que le etaba taliendo, azí que mi mamá me cogió en brazoz y ze puzo a darme de comer. El tonto de Tantiago le dijo a mamá zi no se podía haber puetto una ropa interior mas normalita, que no fuera de un color tan zillón, y mamá despuéz de zacarle la lengua a Tantiago, le dijo que eza era la única limpia que tenía o algo azí, a mamá le faltaban los dientes de adelante, por ezo no le entendí muy bien.
Lo cierto ez que el tonto de Tantiago no callaba, ti no iba contándole a mama de qué trabajaba la madre de cada uno de loz hombrez de loz cochez que noz adelantaban, entoncez le contaba lo mutto que le guztaban laz cabraz a su jefe y que cualquier día le iba a dar una ottia. Y yo no recuerdo que Tantiago fuera especialmente generozo, pero lo cierto es que no hacía más que contarle a mamá lo muttoo que iba a repartir. Mamá, miraba por la ventanilla y rezoplaba, pero a vecez ce daba la vuelta para mirarme a mí.
Hazta que yo me reí un poquito, y entoncez zucedió lo que tenía que pazar. Mamá zacó la tableta de totio jurado del cattette y ze bajó del coche. Tantiago no hacía maz que cillarle que a donde iba, pero mi mamá me cogió en brazoz y le dijo algo de que no quería verle máz y que se había acabado ezo de trabajar cómo las madres de loz otroz hombrez de los cochez.
Por ezo, quiero tanto a mi mamá, ¿vale winnipú?
Halé! A mimir!
Y me he acordado de esta canción que escuchaba esta mañana.
Ruben Blades - Decisiones
Aconsejo ver el video completo, pedazo de canción y el vídeo está genial.
Por supuesto , el relato está sujeto a derechos de autor y ezaz cozaz....
viernes, 22 de enero de 2010
La Maleta Desnuda y el Dr. Caguentoskis
Señorita, le sugiero que no me apriete el brazo, si lo recuerda, en nuestra primera entrevista ya le dije que este trabajo le proporcionaría experiencias inolvidables, y esta le aseguro que será solo una de las primeras. –justo en ese momento al escuchar el grito de Salten, el Dr. Caguentoskis empujó a su ayudante y saltó tras ella.
Minutos más tardes, el Dr arrastraba el cuerpo de su ayudante hacia la orilla, mientras pensaba que quizás la próxima vez debiera poner entre los requisitos que supieran nadar.
-Vamos, espabile, señorita Young. Debemos encontrar la entrada a la cueva a los pies del volcán.
Katerina, que a duras penas se había repuesto del shock de verse saltando de un tren en marcha, se preguntaba cómo se le había ocurrido la infeliz idea de aceptar trabajar con aquel hombre de aspecto enjuto y cara de científico loco, que además había demostrado no estar en sus cabales. Ahora quería buscar una cueva en un volcán, ¿qué sería lo próximo?. ¿Arrojarse a un manantial de lava hirviendo?
-Espere Doctor Caguentoskis, he aceptado este trabajo, he aceptado su secretismo en pos de la gloria científica, incluso he aceptado vestirme cómo usted me indicó, a pesar por cierto de que en mi opinión hay miles de prendas más acordes que este ridículo vestido burdeos con el que usted se empeñó en que viniera vestida. Pero si piensa usted, que pienso meterme en la boca de un volcán, está usted rematadamente loco.
Caguentoskis, se quedó mirándole fijamente a su ayudante y entonces le preguntó si había acabado ya de quejarse. –Creo que quedó claro en el contrato que usted debería hacer todo lo que yo le diga siempre que no atente contra su honor. Y creo estar cumpliendo mi palabrade sobra señorita Young. Respecto a la boca del volcán le aseguro que no la pisaremos, tan sólo nos dirigimos a una cueva donde necesitaré de su colaboración para superar las tres pruebas que nos permitirán conocer el contenido de la maleta desnuda.
¿La maleta desnuda? – preguntó Katerina Young. –Sí, -respondió Caguentoskis, -es la maleta donde se encuentra guardada la piedra filosofal que nos abrirá las puertas al conocimiento universal.
- Pensaba que eso era algo que guardaban los templarios con sumo cuidado... dijo Katerina mientras se atusaba un poco la ropa.
- Paparruchas! Eso no es mas que una mentiramil veces repetida, que la gente ha acabado pensando que es verdad, sin embargo tras años de investigaciones, por fín he encontrado su ubicación exacta, y estimo señorita Young que su ayuda será inestimable.
El Dr. Caguentoskis y la señorita Young estuvieron dos días bordeando la falda del volcán hasta que encontraron una cueva oscura. Se disponían a entrar cuando una lanza se estrelló junto a sus cabezas. Al darse la vuelta pudieron ver a dos gigantes que se dirían gemelos el uno del otro. En verdad aquellos dos seres les sacaban medio cuerpo a cada uno de ellos, y no aparentaban estar muy contentos por verles. Iban a arrojarles otra lanza, cuando un cuerno sonó a lo lejos, y los dos gigantes se arrodillaron de inmediato.
Caguentoskis y la señorita Young, sin saber muy bien que pasaba, giraron sus cabezas y vieron cómo desde dentro de la cueva aparecía una anciana vestida con una casaca negra, quien les dijo…
-Pasen, les estaba esperando.
-¿Cómo? -Respondió Caguentoskis! -Eso es imposible, hasta hace dos semanas ni yo mismo sabía siquiera que mi viaje se detendría en estos parajes.
La mujer se acercó y señalándole con el dedo le dijo –Para ser usted un científico, es mas tonto de lo que pensaba. Fuimos nosotros quienes le hicimos venir hasta aquí. Hace mucho que no nos comemos un cerebro cómo el suyo…
- ¿Canibales? – exclamó la señorita Young antes de desmayarse.
Durante la siguientes horas El Dr. Caguentoskis y su ayudante eran conducidos por una gruta secreta hasta el campamento secreto donde aquella extraña tribu realizaba sus rituales.
Tras introducirlos en una celda en el centro del poblado, durante dos días y dos noches se dedicaron a danzar alrededor de ellos. Hasta que de repente un trueno sonó y aquella danza macabra y pesada se trastornó en un silencio abrumador.
- ¿Qué nos pasará ahora Dr?
- Probablemente nos comerán vivos.
- OH dios Santo!
La anciana regresó portando un maletín.
- La Maleta desnuda! –exclamó la señorita Young
- La Piedra filosofal –exclamó él.
Son ustedes más ingenuos de lo que pensaba, si piensan todavía que lo que este maletín guarda es la piedra filosofal, es que no tienen remedio, dijo la anciana. Dejen que me presente…
Y en aquel momento, Betty Macshire la antropóloga galesa y primera esposa de Caguentoskis, se despojó de su disfraz de anciana hechicera, para sorpresa de su antiguo esposo y de Katerina Young.
- La razón de que estéis aquí es que deseaba ver cómo mi primer esposo que me abandonó por otra mujer mas joven y la hija exiliada de mi segundo y difunto marido, la cual al morir este me despojó de todo y me desterró de su finca, eran sometidos a la mayor de las torturas.
- ¿Qué pretendes Betty?
Y fue en aquel momento, en el que Betty sacó una botella de gasolina del maletín, que Caguentoskis lo vió todo claro, serían quemados vivos y entregados cómo sacrifico humano al volcán para aplacar la ira de éste. Betty por su parte se vengaría de tantos años de sufrimiento y de malos recuerdos. Además de convertirse en su única heredera y muy probablemente en la de su segundo marido también.
En el fondo, pensó Caguentoskis, hacía ya muchos minutos que sospechaba que una pila de paja bajo sus pies, no podía tener otro fín que ese.
viernes, 11 de diciembre de 2009
Un hobby como otro cualquiera
Claro que después siempre le tocaba hacer una llamada a la policía para avisarles de que se había tratado de una falsa alarma y de que ya no se requería su presencia, lo cual libraba de engorrosos trámites a la oficina central.
Desde aquella mañana habían pasado ya cuatro meses y Virginia ahora trabajaba en la Biblioteca Municipal de Bilbao, en la calle Bidebarrieta. Cuando le confirmaron que el trabajo era para ella, se dedicó a llamar a toda su gente para comunicarles que le habían dado el trabajo chollo que andaba buscando, al fin y al cabo el edificio estaba situada en el casco viejo del a ciudad, tenía multitud de transportes públicos cerca, y había sitios más que decentes para comer, tomarse un café o hacer unas compras. Nada que ver con una obra en el extrarradio. Además, durante el día, la mayor parte de los usuarios eran jubilados que buscaban echar un vistazo a la prensa, o estudiantes que utilizaban las salas del edificio para estudiar.
Algo que le extrañó desde el principio fue el hecho de que para estar situada tan céntricamente se podía decir que no era mucha la cantidad de gente que acudía allí a tomar un libro prestado. Sin duda, era un trabajo bastante sencillo.
Y no fue sino con el paso de los meses y los solitarios turnos de noche, que la ilusión inicial empezó a desvanecerse y surgieron algunos peros con los que no había contado inicialmente.
Para empezar, cuando había pedido referencias del trabajo, nadie le había hablado del insoportable frío que se pasaba allí por las noches, pero sobre todo nadiee le había hablado de lo exasperante que podía llegar a ser el día a día entre aquellas paredes.
Por eso, había veces que Virginia echaba de menos el ladrido de un perro avisándola de un intruso, o mirar la carretera viendo pasar los coches y apostando si pararían y le darían trabajo, o si por el contrario seguirían su camino. Ella que había conseguido hacer de un montón de pequeños detalles los alicientes necesarios para sobrellevar sin demasiado esfuerzo el turno de noche, se encontraba con que nada extraño sucedía jamás dentro de aquel edificio. Afuera podía llover, tronar, haber fuegos artificiales o estar la ría a punto de desbordarse, pero ella no debía apartar los ojos de las cámaras, por lo que no le estaba permitido abandonar su cuarto de vigilancia, salvo para dar pequeños paseos, que debían quedar registrados en un libro de incidencias. Cosa que a Virginia le parecía ridículo, pues a nadie le debía preocupar cuando le apretaba la vejiga o cuando necesitaba cambiarse de tampax.
Afortunadamente, una mañana, Virginia conoció a Milagros en la maquina del café y tras varias charlas informales, le confesó que algunas noches se había traído libros para leer a la garita y así evitar el aburrimiento, aquello confidencia de Virginia hizo que Milagros primero se sonriera y después le advirtiese de que no era la única puesto que todos sus compañeros hacían lo mismo, a Virginia descubrir que aquel hecho que se suponía que estaba prohibido en el reglamento interno, era incumplido por todos, no le hacía especial gracia, pero por lo menos le hacía sentirse menos culpable. Milagros, apurada como la vio, le indicó que prestar libros a los vigilantes nocturnos era algo habitual entre los empleados de restauración, y que ella misma se encargaría de dejarle la próxima vez un libro sobre su propia taquilla para que lo leyera, a la mañana siguiente bastaba con que la vigilante lo volviera a dejar en el mismo sitio antes de que llegase el relevo y ella se marchara.
Habían pasado ya tres semanas desde aquel pequeño descubrimiento y una noche en que Virginia disfrutaba leyendo Ladrones de Tumbas de Ignoto Suarez, de repente creyó haber notado como una sombra se le cruzaba ante sus ojos. Miró al monitor y fue pinchando una a una las cámaras de video, primero el pasillo principal, el recibidor, las salas… todo parecía estar en su sitio. Sabía de sobra que cualquier elemento extraño como una rama, una hoja de un árbol, un pájaro, podían en cualquier momento en combinación con la luz de la calle crear un efecto visual con extrañas formas. Echó un vistazo al reloj, eran las tres menos diez de la mañana, y decidió adelantar la ronda de las tres y echar un vistazo, no fuera a ser que alguien se hubiera colado e intentado robar algo de la biblioteca. Haciendo uso de la radio llamó a la central de emergencias para dar aviso del posible intruso, pero nadie la respondió.
Se puso la cazadora y cogió walkie de la mesa, lo colocó en su cinturón dejándolo abierto como le habían enseñado por si se veía en la necesidad de pedir ayuda. Introdujo el manojo de llaves en su bolsillo y comprobó de forma rutinaria, que colgando de la derecha de su pantalón llevaba la porra reglamentaria, agarró la linterna con la mano izquierda y la encendió, cuando posó la mano en el pomo para salir del cuarto de vigilancia cogió aire, el chirrido suave de la puerta fue el pistoletazo de salida para que su corazón empezara a latir de forma desbocada. Estaba acostumbrada a aquella sensación, sin embargo un olor extraño y rancio la descolocó de repente e instintivamente extendió su mano derecha para encender el interruptor de la luz y comprobar de donde venía aquel olor nauseabundo, sin esperarlo, una mano fugaz salida de la nada le colocó una gasa en el rostro que provocó que Virginia se desvaneciera dejando caer la linterna al suelo, la cual tras rodar a penas metro y medio se quedó iluminándoles a ella y a la silueta oscura que la arrastraba al infierno.
Este texto forma parte de otro mas grande y está protegido por los derechos de autor. Esta permitida su difusión pero siempre citando las fuentes y su autoría.
Un saludo.
domingo, 27 de septiembre de 2009
El Viaje
Aquella mañana de Septiembre cuando Sara levantó la persiana y vio el cielo gris encapotado se preguntó que había sido de la luz que la había acompañado en las mañanas de aquel verano. Alguien debería rendir cuentas y explicar donde se meten aquellos rayos de luz que no llegan. Aquellos que nunca más se posarían sobre su piel y que con el paso de los dias y las semanas la habían ido tostando ligeramente.
Sin embargo no serían aquellos rayos de luz los únicos que echaría de menos, y no le hizo falta más que darse la vuelta para contemplar las maletas preparadas y el neceser sobre el lavabo de la habitación.
Junto a todos los preparativos de regreso a casa, estaba la bici. La señora Antonella, la dueña de la posada, le había dicho que sería mejor que la guardase siempre en su habitación para que ningún viajero de paso se quedase con ella sin permiso y Sara desde el primer día le había hecho caso a aquella mujer que le había permitido quedarse con una habitación a cambio de 600 mil liras semanales y un poco de ayuda con el resto de viajeros.
Al principio a Sara no le hacía mucha gracia la habitación acostumbrada como estaba a las comodidades con que su madre le había rodeado desde pequeña, pero pronto se convenció de que quizás una de las mejores formas de rebelarse era encontrar un lugar nuevo para dormir y una tarea con la que pagarse su estancia, por lo que aceptó encantada. Las tareas en realidad no consistían en mucho más que en ayudarle a hacer las camas de algún que otro viajero que pedía habitación y hacer las veces de traductora cuando no les entendía.
Y eso a pesar de que al principio Malvia le había parecido la cuna del aburrimiento, un lugar donde pocas cosas que alterasen la rutina pudieran suceder, pero nunca un juicio previo pudo hacer mas justicia a la mala fama de los prejuicios. Lo que allí había encontrado ese verano no hubiera esperado encontrarlo por nada del mundo y mucho menos allí.
Lo cierto es que tras una salida precipitada por los frecuentes desencuentros con su madre, Sara se había enfrascado en un viaje tras otro, cómo si poniendo distancia por medio con madre fuera a solucionar todos sus problemas. Sus primeros destinos fueron Toulousse, Montpellier y Lyon, donde conoció a un grupo de estudiantes que estaban preparando una excursión en bici a Turín.
Solo la noche antes de que la expedición partiera y tras no menos de tres pintas de cerveza, Alecsia una de las estudiantes le propuso unirse a la aventura. Lo cierto es que ella nunca había hecho nada así, había viajado a Roma, visitado Lisboa, comprado ropa en Londres, pero siempre acompañada de su madre y de su tarjeta de crédito. Aquello era algo totalmente diferente.
Quizás fue precisamente por eso que aceptó, porque no lo había hecho nunca y así fue que a la mañana siguiente el grupo entero la acompañó a comprarse una bici.
Ahora recordando esos momentos se dio cuenta de que habían pasado ya diez semanas y miró con gratitud aquella bici que estaba aparcada allí, entre la cómoda y el lavabo.
Fue entonces, mientras Sara estaba absorta en aquellos pensamientos cuando el claxon del coche que pasaba a recogerla sonó. Bajó por las escaleras y se despidió de su casera dándole dos besos y dejándole el encargo de que al próximo viajero solitario que llegara a ocupar esa habitación se la regalara y le entregara una nota que había dejado atada al manillar explicando lo que aquella bicicleta había supuesto para ella.
Aquella noche al llegar a la casa de la que había partido hacia tan solo unos meses, Sara plantó las maletas en la puerta, llamó al timbre y cuando su madre abrió le dijo:
- Mamá antes de que digas nada tengo que decirte dos cosas, la primera es que no pienso ser abogada, y la segunda es que quiero que conozcas a alguien.
- Alecsia…
Pajaro Sunrise - Hungry Heart (Bruce Srpingsteen Cover)
Reparito 2.09
Pd. Que ganas tengo de que empiece el nuevo curso!!!
miércoles, 29 de abril de 2009
Relato Publicado en El Ojo Lector.
Como nunca tendré la habilidad para sacar la más minima nota a nada mas allá de un triángulo (y aún así tengo dudas) me he lanzado este añoa la escritura creativa y el resultado ha sido este. Como os podeis imaginar me ha hecho una ilusión del quince.
El relato lo podeis leer AQUI.
Y aquí una de esas canciones que pueden definir mi actual momento de buen rollito por The Pogues, la canción se llama Streams of Whiskey.
The Pogues - Streams of Whiskey
lunes, 27 de abril de 2009
Mujer en Negro.
Sin embargo hoy se rompe esta norma, con un texto que fue publicado en la Revista Nº 42 de Mujeres del Mundo en Marzo del 2009. Es un texto que surge a partir de la idea de que cada persona que acudimos al taller, escribiéramos un texto de unas ocho líneas asociando cada uno un color a la Mujer, en mi caso el color fue el negro.
Y el texto fue el siguiente:
Todo el mundo me mira extrañado, no comprenden cómo puede ser que mi mirada brille tanto cuando les cuento que estoy de luto. Algunos me observan cariacontecidos sin saber qué decirme, otros me miran con añoranza y algunos pocos lloran con amargura por la pérdida. ¡Serán idiotas! ¿Es que no se dan cuenta? ¿No comprenden que lo que he decidido es dar muerte a la resignación, a la rutina, al conformarme con nada, al vivir siendo invisible? Si voy de luto es por aquellas cosas que no volveré a ser jamás, aquellas a las que he enterrado para perder por siempre.
Nunca más volveré a ser invisible, ni a dejar que pisoteen mis emociones. No cejaré en mis empeños. Nade logrará que me avergüence ni que me calle, porque cada mañana al levantarme, desnuda con cada prenda negra que me vista pensaré: ¡Nunca más!
Martín Gonzalez.
Hale! A morderme en la yugular!